Un paso a la vez: En memoria de Sandra Milena Martínez
Sami dedicó su vida a construir paz en Colombia. En memoria de una Fellow de Acumen 2021 y del liderazgo que ejerció un paso a la vez.
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Sandra Milena Martínez Cortés, Fellow de Acumen 2021, creía que transformar el mundo podía comenzar con algo tan sencillo como escuchar.
Escuchar y sonreír del alma. Así describía Sandra, o Sami, como la conocía nuestra comunidad, lo que significaba para ella transformar desde lo que a veces consideramos pequeño.
“Transformar de lo simple viene del hecho de escuchar, dedicar tiempo, sonreír del alma. Valorar al otro, seguir nuestro instinto, compartir herramientas y aprendizajes, estar en el presente y listos para aprender, ver al otro como nuestro aliado y compañero en el proceso de evolución, y conectar nuestro propósito con lo que el mundo necesita.“
Sandra Milena Martínez Cortés
Sami soñaba con contribuir a la reconstrucción de su comunidad, fortalecer el tejido social y construir una Colombia capaz de reconciliarse con su propia historia.
El 15 de agosto llegó la noticia que durante casi dos años nos habíamos resistido a recibir: los restos de Sami fueron localizados. Había permanecido desaparecida desde noviembre de 2024, cuando fue secuestrada en su residencia en El Paujíl, Caquetá.
Ante la profunda tristeza que su pérdida representa para su familia, sus seres queridos, su cohorte, la comunidad de Acumen y nuestro equipo, queremos recordar a Sami por la manera en que vivió, las personas a las que acompañó y la Colombia que trabajó por construir.
Una constructora de paz
Sami conocía de cerca las heridas que décadas de conflicto armado han dejado en Colombia. Ella misma había sobrevivido al conflicto, pero nunca permitió que esa experiencia definiera los límites de su historia. “Más que una sobreviviente del conflicto, soy una constructora de paz, con la motivación de transformar mi comunidad y empoderar a las mujeres”. Esa convicción la acompañó en su vida y en su liderazgo.
Cuando Sami fue seleccionada entre más de 550 postulantes para la cohorte 2021 del Programa de Fellows de Acumen en Colombia, vimos en ella una convicción que la acompañaría a lo largo de su camino como Fellow: las personas pueden transformar sus propias historias y, desde ellas, transformar también su entorno.
En ese momento coordinaba el Círculo de Mujeres: Mi Mejor Versión, donde acompañaba a mujeres rurales a generar ingresos y promovía relaciones no violentas. También enseñaba finanzas personales a comunidades rurales, brindando herramientas a agricultores, jóvenes, empresarias y amas de casa para fortalecer su autonomía económica.
Con los años, ese propósito la llevó a otros territorios y comunidades. Trabajó acompañando a mujeres desvinculadas del conflicto armado en procesos de empoderamiento y reconstrucción de sus vidas. Más recientemente, trabajaba en Caquetá fortaleciendo emprendimientos cafeteros, especialmente aquellos liderados por mujeres y jóvenes rurales.
Su trabajo llegó a más de 1.000 personas. Sin embargo, Sami nos recordaba que el impacto no puede entenderse únicamente a través de una cifra.
“Considerar que todos los días hacemos transformación e impactamos la vida de alguien, algo que aprendí y me quedó marcado es pensar más en el impacto de la realidad que en los indicadores. Estos nos llevan a actuar con parámetros limitados y, en circunstancias, a dejar de lado la humanidad.“
Sandra Milena Martínez Cortés
Para Sami, más allá de los indicadores de impacto estaban las historias de las personas.
La Colombia que imaginaba
Durante su paso por el Programa de Fellows, Sami alguna vez describió a su cohorte como “una pequeña Colombia”. Una comunidad de personas de distintos territorios, experiencias y perspectivas diferentes, que podían encontrarse, cuestionar sus propias certezas y aprender unas de otras.
Sami valoraba especialmente esas diferencias. Quizás porque había vivido las fracturas de Colombia, entendía que la paz era mucho más que la ausencia de violencia. Para Sami, construir la paz significaba sanar relaciones, aprender a encontrarnos con quienes tenían historias distintas a las nuestras y abrir nuevas posibilidades para recuperar la confianza.
Su visión de reconciliación no era solo una idea. Era una práctica en su trabajo cotidiano con mujeres, jóvenes, campesinos, agricultores, víctimas del conflicto y personas que habían pertenecido a grupos armados. Ella lo llamaba su propósito de servicio. “Desde que entendamos que tenemos un propósito, un objetivo, podemos reconstruir y construir realidades diferentes para nuestro país”.
Sami era una mujer, una lideresa social, una sobreviviente del conflicto armado, una constructora de paz, una amiga, una hija, una hermana y una madre.
Su historia también nos enfrenta a una realidad que Colombia todavía no ha logrado superar. Quienes trabajan desde sus territorios para fortalecer comunidades, defender derechos y construir paz continúan enfrentando riesgos inaceptables. Las mujeres que lideran enfrentan además vulnerabilidades particulares asociadas a su género, su pertenencia étnica y los roles que desempeñan dentro de sus comunidades.
Colombia no ofrece garantías para sus líderes sociales. Durante décadas, cientos de líderes, lideresas y personas defensoras de derechos humanos han sido asesinadas en el país, una violencia que no solo afecta a quienes la sufren directamente, sino también a las comunidades y los procesos de transformación que estas personas lideran.
Por eso, honrar su memoria también significa negarnos a normalizar esta realidad. Nadie debería poner en riesgo su vida por trabajar al servicio de su comunidad; ninguna mujer debería enfrentar mayores vulnerabilidades por decidir liderar; y ninguna persona que trabaja por la reconciliación del país debería convertirse en víctima de aquella violencia que busca superar.
“Un paso a la vez”
Sami sabía que las transformaciones profundas toman tiempo. Hablaba de reconocer nuestra vulnerabilidad, mirar nuestras experiencias con nuevos ojos y darnos la oportunidad de aprender y cambiar. Ante los retos que parecían más difíciles, su manera de avanzar era sencilla: “un paso a la vez”.
Durante casi dos años, esas palabras adquirieron un nuevo significado para nuestra comunidad. Un paso a la vez, mantuvimos viva la esperanza.
Desde su desaparición, la comunidad de Acumen en Colombia, su cohorte y una amplia red de aliados se movilizaron junto a su familia para encontrarla. Tocaron puertas, activaron redes, buscaron visibilizar su caso en medios de comunicación y acudieron a instituciones nacionales y organismos internacionales con una esperanza compartida: ver a Sami regresar a casa.
Tristemente, el desenlace no fue el que tantas personas habían esperado y por el que habían trabajado. Pero en ese esfuerzo colectivo vimos algo que Sami había defendido a lo largo de su vida: el poder de las personas cuando deciden actuar colectivamente, acompañarse y permanecer presentes incluso cuando las respuestas no llegan.
Hay muchas maneras de recordar a Sami.
Podemos recordarla como la mujer que amaba bailar salsa, “y todo lo que pongan”. Como quien convirtió su experiencia como sobreviviente del conflicto en una determinación por construir paz. Como la lideresa que acompañaba a otras mujeres a reconocerse, descubrir sus capacidades y construir autonomía. Como la Fellow que encontró en su cohorte una familia y que, a su vez, dejó una huella profunda en ella.
Pero, sobre todo, queremos recordar cómo Sami entendía el liderazgo. Un liderazgo que escucha, que reconoce la dignidad del otro, que cree que la vulnerabilidad y la fortaleza pueden coexistir, que tiende puentes a través de las diferencias para construir comunidad, y que transforma desde lo “simple”.
Hoy, una comunidad de más de 200 personas en Colombia comparte el peso de un duelo profundo y una pregunta difícil de responder: cómo aprender a vivir e imaginar el futuro con la ausencia de Sami. En medio de ese dolor, podemos volver a lo que ella misma nos enseñó. Que las transformaciones más profundas comienzan por escuchar, estar presentes, valorar al otro y conectar nuestro propósito con lo que el mundo necesita.
Honrar su memoria significa mantener viva esa forma de entender el liderazgo y seguir construyendo la Colombia que Sami imaginaba; una donde la reconciliación nazca de nuestra capacidad de reconocernos en el otro y donde liderar y servir a una comunidad se pueda hacer con dignidad y libertad, sin miedo.
Sabemos que eso no ocurre de un día para otro. Se construye en el tejido social que Sami dedicó su vida a fortalecer y en nuestra capacidad de seguir creyendo, incluso en los momentos más difíciles, que una realidad diferente es posible.
Como ella misma nos lo decía: un paso a la vez.